miércoles, 28 de noviembre de 2012

HISTORIAS EN LA AZOTEA: El juego del ocho

Bueno pues al final terminamos un juego más y esta vez me ha costado más por cosas personales. Pero les dejo el avance del juego de este mes.

EL JUEGO DEL OCHO

Al final solo quedamos ocho: Juan, Bibi, Claudia, Mauro, Sebastian, José Luis, Laura y yo. Todos alrededor de una mesa con un tapete verde en lo alto de un edificio. La ciudad sitiada y desierta bajo nuestros pies.
Juan zarandeó en su mano el cubilete, el sonido de los dados jugaba con el eco sordo. Lanzó su interior sobre el pasto, y las cinco figuras bailaron en un vals loco hasta pararse en una de sus caras: todas extrañamente tenían un ojo. Juan nos miró a todos y en su ojo derecho, el único que le quedaba, pudimos ver la resignación.
Con el turno de Bibiana, que le costaba poder mover los cubiletes con el único brazo y apenas tres dedos de su mano izquierda, Juan se despidió y saludó a los presentes en un arqueamiento de cabeza. Los dados bailaron y las figuras que salieron fueron una pierna y lo que parecía el dibujo de un hígado. Al fondo Juan se perdió por la inmensidad oscura de la puerta.
Bibi carraspeó y soltó un pequeño alarido de angustia. Intentó marcharse pero se cayó de la silla y todos pudimos verla cómo se movía en el suelo como un pez coleando fuera del agua, con una sola pierna. Mientras Mauro la recogía del suelo el turno de Claudia se formuló rápidamente, con pericia, sin pestañear, lanzó los dados sobre la mesa. Su resultado hizo que el silencio se apoderara de todos. Su boca inexistente no pronunció palabras, y su ojo de cristal no lloró cuando los dados enseñaron un rojo corazón.
Podéis leer la continuacion en el enlace. Dejad un buen comentario.
HISTORIAS EN LA AZOTEA: El juego del ocho

1 comentarios:

Juanito dijo...

Lodije allá, lo digo aquí:
"Macabro, truculento, despiadado.
Me recuerda a la película "El juego del miedo" ("Saw"; de la saga solo vi el primer filme), pero en una versión más demoníaca, con esos Morlocks infernales apareciendo por ahí.
Excelente, William, con tu toque sangriento habitual.
¡Saludos!"
Un abrazo, y no me le afloje, eh...

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