miércoles, 8 de junio de 2011

SÓLO TRES PALABRAS

Nunca se acostumbraba a la dulce voz del sistema de IA, que todas las mañanas le despertaba como una sirviente esposa: con sus piezas preferidas de Jazz, Blues, Clásica... aceptó el café, eufemísticamente llamado así, a un polvo hidrosoluble creado por la genética, modificando las plantas autóctonas del planeta. Dejó que la cama se limpiara y recogiera por sí misma.

Bostezó y se acercó a la enorme cristalera, para contemplar como detrás de la enorme luna que en el horizonte se iba escondiendo, aparecía un tenue sol rojo, que no le quedarían pocos años, para que muriera estallando en energía pura, dejando tras de sí sólo la palidez de una enana blanca.

Mientras contemplaba como las estrellas desaparecían del un cielo cada vez más iluminado, pensó en lo que una vez fue el planeta, desértico, sin apenas vida. Hasta que por aquel entonces unos locos, decidieron que podían cambiar su rostro. Lo que una vez eran territorios de enormes cuencas secas, extensiones de arena caliente, y lechos de ríos agrietados como la cara de un anciano; se convirtió en edénicos paisajes de colores inimaginables: cielos verdes, arenas violetas y mares rojos, eran el nuevo aspecto vivo y palpitante, que intentaron con ello, recrear lo que una vez fue la única casa del ser humano: La Tierra.

Y allí sólo con sus pensamientos...
... tres palabras...
ES EL FINAL...

2 comentarios:

Calavera dijo...

Está genial, Will!! Me encantó! :D

Lograste una muy evocadora imagen en muy pocas palabras. ;D

William Ernest Fleming dijo...

Muchas gracias George, un pequeñisimo cuento de algo tan simple y bello como es un despertar, un amanecer y la codicia del ser humano.

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